Vivencias Universales

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jueves, 13 de noviembre de 2014

04 - Valentía Aterida

Camino en círculos, sin más que la persecución siguiéndome los pasos
Caminar o no ya no sirve, pues mis días se ahogan detrás de lo escaso
Ya no hay huellas en la arena, ya el cielo no controla la tierra
Ya no hay infinito si los muros nos dividen como a balas en la guerra
Que hago si hasta los cordones se distancian en la incertidumbre de una travesía
Ya no hay fuerzas ni para preguntarme  ¿Qué pasa?, por qué ya no existe la poesía
Sangre solo trae más sangre, ya hoy en día es una ley de vida, respira y aprende
Ya no me reconozco las manos, entre mugre y una ira que la paz me enciende
2 balas al aire, es un grito de esperanza, y el amor es un fuego que no se puede atizar
No hay certidumbre, ya no se conocen las sonrisas que existían, que se solían abrazar

El demonio de la maldad no tuvo piedad con nadie, y goza de su regocijo
Tantas veces distraído pero hoy recuerdo lo que un día mi madre me dijo
HIJO NO DEJES NUNCA QUE TU ALMA SE VALLA SIN DECIRTE CON QUIEN
Ya no es importante la inteligencia, ya no sirven ni visas ni billetes de cien…
Oculto en lo más oscuro del día, clandestino en un país de tanta riqueza derrochada
Creo que ya no hay cordura en estos soldados, ocultando una profesión masacrada
Soy un tipo de sentimientos blancos, de charlas mudas, con emociones de vuelo raso
Huyendo de lo que no me quiere encontrar, un huérfano del pasado, aquel payaso
Soy mi propio mapa, tengo mi brújula en el ayer, un hombre de enemigos adocenados
Paso tras huella, vengo de donde no me acuerdo, con un sueño discapacitado

Letra por letra van cayendo las añoranzas del olor a franqueza, del sentirme existente
Con ganas inertes, llevo cargando tanto tiempo esta tristeza un tanto indiferente  
No soy el hombre que pensé, no recibo recompensa por seguir aquí, lejos de lo cercano
Ya ni siquiera tengo lunas, solo frío, ni siquiera me considero un verdadero humano
A punto de volverme loco, tropezando una vez más, eternidad que no se desaparece
Golpeando hasta matar a la pena, porque un verdadero sobreviviente de miedos carece
Me obligaron a correr, pero nunca aprendí a avanzar, sigo caminando en la decadencia
Desangrando a mi retorno, creo que no vale la pena ser tan ingenuo con la clemencia
Y desde lejos de mí escribo esta carta, llorando hasta la más pequeña de mis heridas
Tengo la piel oscura, ya no hay luz, solo pólvora, quedándome con la valentía aterida….


                                            Adán Arenas Del Valle 


  



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