Ya no puedo más, ya no puedo más, exactamente como se
solicita un disparo, sin salida
No hay callejón más hondo y oscuro que el de un alma
voluntariamente suicida
Ya no encuentro norte que me haga subir, ya no me queda
alcohol para bórrame la memoria
Golpeando a la vida, escupiéndole los consejos a la
paciencia, sabiendo ya no existe gloria
Caminando siempre en la vista del que llego primero,
obteniendo siempre lo genérico
Con un poco de delirio veo que va goteando aquel
masoquista un poco histérico
O será que el humo de la calle me está afectando más allá
del conocimiento
Con los pasos ebrios, con la mirada ruborizada, y no
logro llegar al sentido del entendimiento
El sol sigue persiguiéndome, y la sombra que me acompaña
no me dice palabra alguna
Prefiero sangrar cada minúsculo pecado a creer en la fe,
como un niño en la hambruna
Ya no hay pesadillas para sentirme vivo, ya no hay cordura
para sentirme loco
Ni siquiera me siento humano, no respiro solo bostezo, no
hay palpitar cuando me toco
El final no termina en los puntos, y sinceridad no se
escribe con tu inicial
No es cansancio, es costumbre, y no estoy sangrando; lo
que gotea es un lápiz labial
Las experiencias son básicamente un chaleco salvavidas
más adelante, duele aprender
Duele cada rayo de luz en la mañana, es un vacío que no
se explica ni se da a entender
La monotonía, la inmovilidad de la mirada, concentrada en
un pensamiento aún más inmovilizado
Porque la nada sabe a tristeza, el frio es un sicario, y
la gravedad me mantiene atado
No perdono, ni quiero perdonar, no creo que sea necesario
para la tranquilidad
Ni siquiera consigo tener esperanza, porque no sé si
exista el fin de la eternidad…
Adán Arenas Del Valle
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