Adán:
Sírveme un tequila, y déjame los limones en el calendario por favor
Tengo el corazón de detective, tras unas huellas fugitivas, dejando rastros de amor Antes de irme quisiera ver el rostro del tiempo, esa sonrisa que me sirva de pecado
No me mires así, se bien cuantos grados de alcohol tiene este dolor enamorado
Mira, en esa pasarela bailaba, risos, vueltas perfectas, y una guitarra que hipnotizaba
Te juro que era tener un francotirador encima cada vez que sus ojos te miraban
No sé si fueron las copas pero mi razonamiento se iba junto con las prendas que caían
Trate con todas mis fuerzas pero mis ganas no se movían, con el ritmo se rendían
Una atracción que enamoraría al demonio, escondiendo su vanidad en la sensualidad
Libre llegue aquí, y un día la ira me traiciono y me privó de toda libertad
Años después, aquí me vez, de regreso al masoquismo que me vio partir
Sigue igual, y después de tanto volví a la vida que me llevo a morir
Ponce:
Amigo, no le serviré más alcohol de lo que puede contener en el alma.
Yo la conocí más que usted y bien sabe que de los calendarios ella poco se dejaba llevar.
Su vida era como la de un cigarro puesto que si la consumes pronto acabará su presencia.
De tu soledad no hablemos porque ella siempre estuvo sola, sola contra los rumores y sola contra los piropos.
Yo la veía y no entendí si su personalidad era por plata o por naturaleza, nunca lo comprendí.
Le comparto el misterio pero no la tristeza; Tu tristeza no se disfraza de misterio por tan alagada belleza femenina que, discúlpame, pero no merece que tus lágrimas caigan sobre mi mesón y mucho menos sobre tu vaso.
Reitero que no le serviré más sufrimiento a su cuerpo destrozado por el pasado porque a pesar de todo, tu peor castigo sería tener verdaderas huellas de rubí de sus labios.
Adán:
Si lo sé, créeme que lo sé perfectamente, esa serpiente era veneno puro
Una dosis que paralizaba, un pecado del libro prohibido, el paraíso oscuro
Belleza como en ninguna otra, te hablaba en cada giro, en cada movimiento
Un corazón de piedra, una víbora que era capaz de derretir el cemento
Y si lo sé ella era un enigma, besarla fue una experiencia para tallarla en mi pecho
Y como puedes ver la llevo conmigo, me tatué su nombre en el brazo derecho
Quizá fue el destino, pero a ciencia cierta no lo sé, aunque quisiera encontrarla
Fue el sol que ilumino mi infierno, y no te miento que entre rejas pude extrañarla
Sírveme otra botella, quiero embriagar tanta soledad, aun me siento exiliado de la vida
Y no sé por qué, pero en el fondo de mi intuición llevo sangrando una herida.
Ponce:
Al fin y al cabo ella te ha descrito tal cual, es más... Ella se siente presa de tu brazo por haberla apegado a una aventura que pudo haber ido más allá de miradas y erotismo, pero hoy no es así.
(Tocando el hombro) Ella se ha ido, ella y su aroma a perfume caro y cigarrillos, esa que tu conociste ya no existe.
Una vez te fuiste, ella decidió cambiar su rumbo para no estar tumbada en un bar, haciendo pasar sus penas devueltas a su cuerpo con el ardor de un whisky fuerte, como tú.
Tuvo una hija y se mudó. Ahora es de esas preocupadas y ciega de un pasado oscuro. Yo sé con quién puedes conversar amigo. Una vez tuvo a su hija, se separó de con quién compartía sus sonrisas y sus actos de sexo sin terminar en ese momento.
El individuo trabaja de cantinero, sirve whisky y da consejos a los que a su mesón le muerden... Amigo, con el dolor de mi alma, con el sabor a culpa, con el olor a vida de caminos equivocados, déjame decirte que aquella hija debería decirte papá...
Sírveme un tequila, y déjame los limones en el calendario por favor
Tengo el corazón de detective, tras unas huellas fugitivas, dejando rastros de amor Antes de irme quisiera ver el rostro del tiempo, esa sonrisa que me sirva de pecado
No me mires así, se bien cuantos grados de alcohol tiene este dolor enamorado
Mira, en esa pasarela bailaba, risos, vueltas perfectas, y una guitarra que hipnotizaba
Te juro que era tener un francotirador encima cada vez que sus ojos te miraban
No sé si fueron las copas pero mi razonamiento se iba junto con las prendas que caían
Trate con todas mis fuerzas pero mis ganas no se movían, con el ritmo se rendían
Una atracción que enamoraría al demonio, escondiendo su vanidad en la sensualidad
Libre llegue aquí, y un día la ira me traiciono y me privó de toda libertad
Años después, aquí me vez, de regreso al masoquismo que me vio partir
Sigue igual, y después de tanto volví a la vida que me llevo a morir
Ponce:
Amigo, no le serviré más alcohol de lo que puede contener en el alma.
Yo la conocí más que usted y bien sabe que de los calendarios ella poco se dejaba llevar.
Su vida era como la de un cigarro puesto que si la consumes pronto acabará su presencia.
De tu soledad no hablemos porque ella siempre estuvo sola, sola contra los rumores y sola contra los piropos.
Yo la veía y no entendí si su personalidad era por plata o por naturaleza, nunca lo comprendí.
Le comparto el misterio pero no la tristeza; Tu tristeza no se disfraza de misterio por tan alagada belleza femenina que, discúlpame, pero no merece que tus lágrimas caigan sobre mi mesón y mucho menos sobre tu vaso.
Reitero que no le serviré más sufrimiento a su cuerpo destrozado por el pasado porque a pesar de todo, tu peor castigo sería tener verdaderas huellas de rubí de sus labios.
Adán:
Si lo sé, créeme que lo sé perfectamente, esa serpiente era veneno puro
Una dosis que paralizaba, un pecado del libro prohibido, el paraíso oscuro
Belleza como en ninguna otra, te hablaba en cada giro, en cada movimiento
Un corazón de piedra, una víbora que era capaz de derretir el cemento
Y si lo sé ella era un enigma, besarla fue una experiencia para tallarla en mi pecho
Y como puedes ver la llevo conmigo, me tatué su nombre en el brazo derecho
Quizá fue el destino, pero a ciencia cierta no lo sé, aunque quisiera encontrarla
Fue el sol que ilumino mi infierno, y no te miento que entre rejas pude extrañarla
Sírveme otra botella, quiero embriagar tanta soledad, aun me siento exiliado de la vida
Y no sé por qué, pero en el fondo de mi intuición llevo sangrando una herida.
Ponce:
Al fin y al cabo ella te ha descrito tal cual, es más... Ella se siente presa de tu brazo por haberla apegado a una aventura que pudo haber ido más allá de miradas y erotismo, pero hoy no es así.
(Tocando el hombro) Ella se ha ido, ella y su aroma a perfume caro y cigarrillos, esa que tu conociste ya no existe.
Una vez te fuiste, ella decidió cambiar su rumbo para no estar tumbada en un bar, haciendo pasar sus penas devueltas a su cuerpo con el ardor de un whisky fuerte, como tú.
Tuvo una hija y se mudó. Ahora es de esas preocupadas y ciega de un pasado oscuro. Yo sé con quién puedes conversar amigo. Una vez tuvo a su hija, se separó de con quién compartía sus sonrisas y sus actos de sexo sin terminar en ese momento.
El individuo trabaja de cantinero, sirve whisky y da consejos a los que a su mesón le muerden... Amigo, con el dolor de mi alma, con el sabor a culpa, con el olor a vida de caminos equivocados, déjame decirte que aquella hija debería decirte papá...
Adán Arenas Del Valle
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