Vivencias Universales

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jueves, 24 de septiembre de 2015

03 - Aquella noche

Cada verso que te dibuje sigue latente, resonando en cada parte de mi inspiración
Hoy me rindo frente al sol y a tu belleza, porque tu cuerpo no tuvo piedad con mi imaginación
Aquella noche fuiste mujer, en cada uno de mis besos, en cada uno de los minutos disfrutados
Cada vez que me mirabas fijamente, en cada poro humedecido, cada vez que agradecías el pecado
Aquella noche apagaste las estrellas, para que tus ojos relucieran sin ningún esfuerzo
Un éxtasis prohibido, la caricia del delirio, tu sonrisa como amanecer, y unos movimientos perversos

Dejaste a la luna en su cuna de nubes y prendiste un cigarrillo
Dejaste entrar a las ansias carnívoras del amor y a la ropa en el pasillo…

Aquella noche te fuiste de ti y volviste a mis brazos, tal y como lo quise
Me reconociste el dolor en la oscuridad, te apiadaste del pasado y besaste mis cicatrices
Yo no tengo que extrañarte porque mi recuerdo tiene un alzhéimer momentáneo
En cambio tú almacenas cada una de tus victorias en el subterráneo

Me cuesta hablarte pero no entenderte, me gusta cambiarte pero no extinguirte
Porque yo soy el alma favorita de tu demonio y por ende solo puedo seguirte
Puedo verte morir con un orgasmo, puedo hacerte el amor sin necesidad de mentirte
Pero créeme que el día en que yo no esté el tiempo se encargara de dirigirte

Aquella noche fue magia prohibida, tinta añejada con literatura
Ponerte siempre el mismo vestido, refrescante aventura para tu cintura
Aquella noche me oculte de Dios y observe al demonio mismo
Y cuando aprendí la formula, memorice el secreto  y lo lancé al abismo

Volví a mi escritorio y puse a mi intelecto como esclavo
Sentí que renacía, que había conseguido un alma nueva sin un centavo

Aquella noche invadí la privacidad del silencio, la calma de la paz
Y obtuve ese universo de la complicidad que solo se consigue con la tinta al ras

Aquella noche me sentí impactado con tu estructura, tu figura, cada parte de ti en el momento en que te vi
Aquella noche te sentí mía, te volví morena, una preciosa y exquisita casualidad, aquella noche cuando te escribí.




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