Ya no hay brillo en las estrellas, ya no tiene sentido el
rumbo del viento
Sabe que yo soy el único sincero, el único de todos sus
intentos
Yo no me arrepiento de nada, yo acepto las heridas,
acepto curarlas y volver a abrirlas
Porque el infinito nunca se acaba si uno mira hacia
arriba, y las lágrimas son para sentirlas
Tengo el valor de un Ferrari, la paciencia del sol, y el
peso del tiempo en el pecho
Se quedó con la conformidad, con el orgullo teñido de
color despecho
Perdóneme por quererla, pero soy un alma y no tengo más
voluntad que esperarla
Me queman vivo los minutos, y me desangro en un papel que
solo quiere recordarla
Sé que ya no soy ese color que hace juego con su sonrisa,
pero déjeme intentarlo
Porque soy un inmigrante que encontró el amor con usted,
y por el instinto no puedo evitarlo
No me atrevo a pasar la página, pues no sé leer, y quiero
creer que me lo creerá
Puedo ser el ángel de su guarda, y cuidarla en las
noches, y así no me sentirá
Sé que el destino es injusto con todos los vivos, pero
ojala me permita la victoria
Quiero formatear esta vida gastada sin usted, y regresar
a mi vida solo con memorias
Soy aquella gota que cae del techo a la ventana una y
otra vez, lanzándome al vacío solo para alcanzar a verla
Créame que no hay vida sin respirar su perfume, y hasta
hoy no logro comprenderla
Ya no tiene ganas de luchar, y yo estoy soportando el
peso del olvido
Sé que soy un mudo con mi voz, pero léame y verá por qué
así lo he decidido
Usted no ha sido
capaz de captar la magnitud de las palabras que le he llorado
Me siento inútil esperando que el reloj la devuelva a mí,
con ese sueño anhelado
No quiero despedirme así, asique si quiere puede
dispararme cuando quiera
Tengo la sonrisa en cautiverio, el olvido en la ropa, y
mi voz; solo quisiera que la oyera
No encuentro lenguaje digno para un adiós, ni cordura
para quedarme sin usted
Entré en un desierto de soledad, quedándome exhausto, sin
derecho a amarla, sin derecho a sed
Sé que quizá no soy digno de su amor, ni de su
aceptación, pero la extraño
Oculto detrás de mis ojos tanta miseria, tantas ganas de
morir, tantas huellas del daño
Tengo un pincel en el recuerdo, para nunca olvidarme de
la obra de arte, su existencia
Bendigo el día en que la conocí, porque no lo recuerdo,
pero mi infancia conserva su presencia
Ya no creo que me quede maldad en el cuerpo, ya no tengo
deseos de volverme humano en realidad
Y con todo mi respeto le pido otra oportunidad, quiérame
otra vez, señora felicidad.

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